Entrando
a un aula de dimensiones estrechas me encuentro con todos los y las estudiantes
futuros y futuras docentes sentados mirando al frente en filas de dos,
bastantes amontonados. Diría mejor que muy amontonados, dejando siempre un
amplio espacio en el frente.
― ¿Por qué me dejan tanto espacio adelante para
mí sola?, era la pregunta con la que por lo general iniciaba todas mis
primeras clases al verles tan compactados, mientras yo contaba con un amplio
espacio al frente.
Cualquier
persona que fue a la escuela alguna vez (y por suerte en nuestro país todo el
mundo lo hizo) toma esa situación como algo totalmente natural. Es más, casi no
repara en esa distribución del mobiliario en el espacio y si estuviesen
ordenados los bancos de otra manera seguramente pensaría que están
desacomodados, alterados, en fin “un desorden
esta aula” (¡y por lo tanto también esta
escuela! ¡¡Ohhh!!)
En
cambio, desde la perspectiva de Paulo Freire, ese “orden” esperado responde a una concepción bancaria de la educación. El maestro o la maestra es el poseedor
del saber y debe traspasárselo a los y las estudiantes, que deben prestar
atención a todo lo que dice, y así acceder al “verdadero” conocimiento. Indudablemente nuestra forma de enseñar
tiene sus raíces en la educación normalista y positivista.
A
diferencia de esto, en la educación humanista de Paulo Freire las aulas se convierten
en espacios de participación activa de estudiantes. Lo primero que planteamos
entonces son formas de trabajar conociéndonos como personas, considerando que
todas y todos tenemos diferentes experiencias de vida y, por lo tanto, diferentes
saberes. Que es en el intercambio de esos saberes, en la reflexión crítica
sobre ellos, como construiremos conjuntamente mejores saberes. Así, por medio
de la implementación de formas de trabajo participativo, la interacción, la
deliberación, el debate y la creatividad de todos, se van construyendo
participativamente los conocimientos.
En
nuestras escuelas de educación formal hay bastante resistencia a la
implementación de estas formas de trabajo. En muchos espacios no formales de educación,
estas formas no son tan mal vistas. Jugar para conocerse más, aprender haciendo
dramatizaciones de las situaciones, aplicando metodologías que permitan el
trabajo individual, en pequeños grupos, en paneles, en asambleas deliberativas,
no es una forma que la escuela acepte demasiado.
Cuando
al comienzo de mis clases les hacía romper filas, cuando les proponía hacer una
ronda o trabajar con un grupo con el que no estaban acostumbrados a trabajar,
de los que no eran muy “amigos” (capaz
que simplemente porque no se habían sentado cerca nunca o porque no se tenían
mucha confianza), siempre había una gran resistencia a hacerlo. Después, con el
avance de las clases ellos y ellas mismas me pedían “una dinámica profe”, o “¿qué
dinámica vamos a hacer hoy?”, me preguntaban.
Sí, la
implementación de metodologías participativas en la educación formal ha tenido
mucha resistencia en la historia de la educación latinoamericana. La escuela se
constituye en un lugar cerrado, disciplinante, de control. Son concepciones muy
opuestas de la vida, la humanidad, la razón de ser de las personas.
Partiendo
de la base de la necesidad de brindar experiencias que permitan acercar a los y
las estudiantes a una continua reflexión sobre su propia realidad y la de su
comunidad, de encontrar el sentido de la educación en relación a su propio contexto
social, mis clases se basan en la pedagogía popular de Paulo Freire.
La
idea central, siguiendo sus postulados, es construir herramientas que permitan
que se vivencie una experiencia educativa diferente, que prepare para ejercer
una ciudadanía crítica, activa, responsable y con personas creativas y
participativas.
Sintetizando
lo principal podríamos decir que esta concepción freiriana, busca una educación
que:
Nos ayude a ser más humanos, y por lo tanto a
buscar en forma permanente la libertad y la expresión. Lo que Freire llamó una
“educación humanística y liberadora”.
Que por lo tanto estimule la creatividad, la
participación y la reflexión.
Que ayude a comprender el mundo, desmitificando
constantemente la realidad para que los y las estudiantes puedan seguir
recreándola, transformándola…
Una educación que refuerce nuestras acciones
sobre el mundo, que nos reconozca como seres inacabados en proceso permanente.
Una educación donde el diálogo sea el eje
principal de los aprendizajes y las relaciones son tanto con docentes como con
pares multilaterales.
Una educación “revolucionaria” que apueste a los cambios que creamos que son
necesarios realizar. Que no excluya, a nadie, sino que incluya a todos y todas para
que seamos verdaderamente humanos.
En una
educación basada desde esta perspectiva, el hecho que los y las estudiantes sean
docentes en formación, apunta a que las experiencias vividas en el trayecto
formativo constituyan en sí mismas, una experiencia formadora, que podrán ser
desarrolladas en las prácticas educativas e instituciones donde se desempeñen en
el futuro.
Esa educación, es lo que Paulo Freire llamó educación “problematizadora”, y es en la que los
estudiantes puedan ir desarrollando todos sus potenciales, junto a los otros, no de los
otros.
La formación y la capacitación de docentes en
ejercicio puede ser humanista y liberadora, puede contribuir a la construcción
colectiva del saber y un proyecto de vida propio y autónomo. Hay experiencias
que comprueban que esto no solo es posible, sino que es necesario que las realicemos
permanentemente. En la certeza que la construcción de un mundo más habitable y
más humano es posible, y que la escuela es el espacio público por excelencia
para lograrlo.
[i] Profesora
de Educación Primaria, Lic en Educación y en Trabajo Social, Especialista en
Pedagogía de la Formación, docente jubilada del ISFD Dr. Pedro Ignacio de
Castro Barros de la Ciudad de La Rioja.
¿Qué significan los conceptos de Política, Estado y Gobierno? ¿Cómo diferenciamos los modelos de Estado Liberal y Social? ¿Qué relación encontramos entre el Estado y la Sociedad? ¿Cómo definimos la idea de lo “público” ? ¿Qué es la “Batalla Cultural” ? ¿Es posible definirla como expresión sintetizadora de las relaciones entre el Estado, Sociedad y Territorio?
Clase 11 Estado y políticas públicas ¿Qué significan los conceptos de Política, Estado y Gobierno? ¿Cómo diferenciamos los modelos de Estado Liberal y Social? ¿Qué relación encontramos entre el Estado y la Sociedad? ¿Cómo definimos la idea de lo “público” ? ¿Qué es la “Batalla Cultural” ? ¿Es posible definirla como expresión sintetizadora de las relaciones entre el Estado, Sociedad y Territorio?
memoria del saqueo: A modo, también, de homenaje por la reciente desaparición de un enorme cineasta político de nuestro país el director Pino Solanas, dejamos este material que es un documento histórico imprescindible para comprender y dilucidar los procesos de transformación del estado social en estado neoliberal en la Argentina.
Los datos que desmienten el relato de "la cultura del trabajo"
Pobreza, desempleo y el mito de los planeros
Según el Renatep, la mitad de las personas que cobran el Potenciar Trabajo son mujeres que se desempeñan en comedores populares o merenderos. La importancia del salario complementario.
Entre los mitos más instalados sobre la pobreza y el trabajo está la figura del planero: el planero --se dice-- es un desocupado que vive del Estado, alguien que no hace nada y al que los planes sociales empeoran porque le hacen perder la cultura del trabajo. Los datos del Registro de Trabajadores de la Economía Popular (Renatep), sin embargo, obligan a revisar lo que se cree: por empezar, porque el 49,2 por ciento de quienes cobran un plan Potenciar Trabajo son mujeres que trabajan en comedores populares o merenderos. Esto se debe a que el trabajo sociocomunitario es el que más creció dentro de la economía popular. Un resultado lógico de la pandemia, porque los barrios tuvieron que activarse para dar respuesta a la crisis alimentaria.
La socióloga y funcionaria a cargo del Renatep sostiene que "el Potenciar Trabajo es un salario social complementario. Retomamos la idea planteada en la ley de emergencia social votada en 2016, el Potenciar viene a ser un complemento de actividades en la economía popular o un reconocimiento al trabajo que ya realizan".
Un caso típico: Jesica Uño trabaja en un comedor popular de Pontevedra, Merlo. Cocina de lunes a viernes, para 200 vecinos, que durante el tramo de la cuarentena estricta llegaron a ser 400. “Hacemos una olla y la gente viene a buscar su vianda”, cuenta. ¿Se ocupa de otras cosas? En el comedor trabajan con problemas de violencia de género y le dan una mano a las mujeres que están solas a cargo de la familia. ¿Tiene otra entrada laboral? (¿Podría, por ejemplo, manejar un remís, o vender algún producto?) No. Jesica es madre de tres chicos y jefa de su hogar, monoparental. El lugar donde puede trabajar es el comedor, porque allí se organizaron para que dos compañeras siempre cuiden a los hijos de las que cocinan.
En segundo lugar en importancia numérica, un 12,3 por ciento de quienes tienen un plan Potenciar Trabajo son trabajadores de servicios personales (principalmente personas que hacen limpieza, luego siguen otras actividades como manicuría, peluquería) y oficios (cortadores de pasto, electricistas o mecánicos, bicicleteros). Es decir, son personas que viven de changas en las actividades históricamente identificadas con el trabajo informal. Trabajan, pero sus ingresos son salteados y por montos irregulares, porque dependen de cuánta plata haya en la calle. Sus clientes son, en general, quienes residen en la misma zona (ya sea un asalariado que vive casa de por medio o una familia en el country cercano). La actividad de estos trabajadores inscriptos en el Renatep popular es de subsistencia, en el sentido de que ganan poco, pero además en el sentido de que no tienen una lógica económica de acumulación.
En tercer lugar en volumen o cantidad de planes, cobran un Potenciar Trabajo quienes hacen obras de mejoramiento de barrios. Gastón Reyes, de 31 años, coordinador de una obra en La Matanza, es un caso: "Casi todos éramos jornaleros. Hacíamos changas o íbamos para el lado de Ezeiza, a pararnos en una esquina donde los contratistas van a buscar albañiles", reseña. Después de que armaron una cooperativa de construcción dentro del Movimiento de Trabajadores Excluidos, empezaron a acceder a contratos de obra del Programa de Urbanización de Barrios Populares. En estos meses trabajan llevando el agua potable a un barrio; por eso cobran un salario de la Secretaría de Integración Sociourbana, al que suman, además, un Plan Potenciar. Ganan lo mismo que trabajando para una constructora privada.
Reyes es segunda generación de planeros, ya que de chico acompañaba a su mamá a los cortes en la Ruta 3, en el ‘98 y ‘99, cuando los cortes de calle se hacían para pedir un bolsón de alimentos. Hoy, como referente de la rama de la Construcción del MTE, los contratos que firma con su cooperativa incluyen ART, transporte a la obra, ropa de trabajo y almuerzo. De los trabajos inventados desde la economía popular, este es el que posiblemente más se acerca a un trabajo con derechos. (Aunque la mayoría de las cuadrillas de construcción no consiguen todavía contratos de urbanización tan completos, sino sólo de mejoramiento barrial, chicos, para hacer cordones, cunetas o veredas. Y en ese caso, cobran un Potenciar y un complemento hasta llegar al salario mínimo).
Datos
Los datos de esta nota pertenecen al Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular. Fueron cruzados, a su vez, con estadísticas de otras áreas del Ministerio de Desarrollo Social, de manera de observar de dónde vienen y de qué viven las personas que hoy tienen planes sociales. Parte de la misma lectura es entender qué políticas pueden mejorar su productividad e ingresos.
Pablo Chena, economista, director nacional de Economía Social, señala:
"En el país hay un millón de Planes Potenciar (hoy son 1.060.200, pero el corte para este análisis se realizó al millón de planes). De ese millón, 703 mil ya se anotaron en el Renatep" (que, en total, tiene tres millones de inscriptos).
Es decir que del millón de planeros existentes, el 70 por ciento se inscribió en el registro. Al hacerlo, declararon qué actividades realizan.
El 49,2 por ciento actividades socio comunitarias (comedores y merenderos).
Un 12,3 por ciento servicios personales y oficios (limpieza, cortadores de pasto, asadores, bicicleteros, electricistas, mecánicos).
Un 10 por ciento en construcción e infraestructura social (Albañiles, plomeros)
Un 7,1 Comercio Popular y Trabajo en espacios públicos (feriantes, vendedores ambulantes).
Un 6,4 agricultura familiar y campesina
El 70% por ciento de las personas que cobran un plan Potenciar Trabajo están inscriptos en el Renatep
“Nuestra mirada es que el Potenciar no es un programa para gente que no tiene trabajo, sino un salario complementario, en su mayoría, para trabajadores de la economía popular. En algunos casos, como sucede en las actividades sociocomunitarias, es Potenciar el ingreso principal, el único sustento. Pero en otras ramas, por ejemplo en las que se venden bienes, un Potenciar representa sólo una parte de los ingresos del trabajador. En una cooperativa de reciclado, los trabajadores hacen retiros del excedente económico por la venta del cartón, y el plan social puede representar el 40 por ciento de su ingreso”, agrega Chena.
"Lo que vemos en el Renatep desmitifica la idea de que los planes sociales no están trabajando y que hay que convertirlos en trabajo. En realidad están haciendo muchos trabajos de la economía popular, y en todo caso lo que hay que ir haciendo, con los que se pueda, es ir pasándolos al empleo formal“.
Poco visibles
El Registro se creó en 2020 y es el primero que permite conocer qué hay dentro de la economía popular. La estimación es que entre 5 y 6 millones de argentinos se ganan la vida en actividades informales. Hasta ahora se anotaron 3 millones. Es decir que se puede conocer qué hace una mitad, que en este momento es la más urbana, con sobrerrepresentación de la bonaerense.
Vale retener lo siguiente: los inscriptos que cobran un plan Potenciar Trabajo son 703.894 (700 mil, para redondear); los planes Potenciar existentes son un millón. Es decir que se trata de una foto que puede ser considerada como representativa. Si se inscribieran los 300 mil planes Potenciar que faltan podría haber diferencias, pero la tendencia se mantendría.
El trabajo informal es un mundo que resulta opaco por definición: se trata de actividades económicas no registradas.
Pero cuesta verlo, además, porque en la economía popular el lugar de trabajo no es el establecimiento, sino mayormente hogares particulares. Si se suma los que trabajan en su casa, en la de su socio y en la de sus clientes, resulta que el 56 por ciento de los trabajadores hacen sus actividades puertas adentro de una vivienda familiar. Ese volumen contrasta con los trabajan en un establecimiento (un polo textil, un centro de separación de reciclado), que son el 14 por ciento.
En la calle y a la vista de todos hay otro 11 por ciento (vendedores ambulantes, ferias) , aunque es frecuente que las autoridades asocien estas actividades a una contravención, y que la mirada social le quite su carácter de trabajo.
El 56% de los trabajadores de la economìa popular tienen como lugar principal de trabajo al hogar
En síntesis, el trabajador de la economía popular es visto como tal cuando llega al centro con una marcha. Es un planero.
Del productor a la mesa
De las seis actividades informales que hoy tienen más trabajadores con un Potenciar Trabajo puede agregarse lo siguiente:
Agricultura familiar: aunque muy por debajo de los comedores populares, es otra actividad con una relación señalable entre trabajadores totales y trabajadores que cobran un Potenciar (2 de cada diez). Es decir, es una rama con proporcionalmente más trabajadores con planes que otras como el reciclado, o la producción de manufacturas, o el transporte). Esto es reflejo de que hubo una ampliación de las quintas. Es una tendencia en las ciudades medianas y pequeñas, donde hubo estados municipales que lo tomaron como política propia, para generar empleo y abastecer la zona de alimentos frescos.
Comercio popular: es la cuarta rama del Renatep con más inscriptos que cobran un plan Potenciar. Esto tiene sintonía con el crecimiento de las comercializadoras populares, que en el inicio de la pandemia se extendieron llevando bolsones de verduras a domicilio, y más tarde ampliaron sus ventas a los productos de almacén y de economías regionales. En muchos casos, agregaron puestos de trabajo con el Potenciar.
¿Pueden los Potenciar Trabajo convertirse en empleo registrado?
Sin dudas, hay una parte que sí. Las Pymes, por su rentabilidad baja, son un sector del que puede esperarse que tengan dificultades para registrar a trabajadores o incorporar nuevos. Subsidiarles el trabajo con un Potenciar puede plantearse como incentivo, aunque lo que define la creación de empleo, en el presente, no es el costo laboral sino razones macroeconómicas: difícilmente alguien tome nuevos trabajadores y los registre si no tiene mercado (mercado interno, ya que el caso son las PyMEs) donde vender su producción. La otra pregunta abierta es cuántos trabajadores, de los que ya tienen un Potenciar, pueden absorber.
Vale aclarar, sobre esto un punto clave: no todos los trabajadores informales tienen planes. Más bien lo contrario: sólo el 25 por ciento de los trabajadores de la economía popular cobran un Potenciar (esto de los que se registraron en el Renatep, que son 3 millones). En otras palabras, en términos de cobertura social, el 75% de los trabajadores de la economía popular no tiene plan de empleo, pero realizan actividades que les permiten parar la olla y lograr, en muchos casos, algún ingreso propio. Que sean 5 o 6 millones de personas -el doble que los empleados del estado, casi la misma cantidad que los empleados del sector privado- da la idea de que deberían ser, además, sujetos de políticas económicas que excedan el plan social como puente al trabajo.
Sonia Lombardo
“El Registro Nacional de Trabajadores de la Economia Popular sirve para conocer en mayor detalle qué trabajos se realizan en la economía popular, dónde lo realizan -cuál es el lugar de trabajo-, cómo lo hacen -si de manera cooperativa o individual-”, indica Sonia Lombardo, directora del Registro Nacional de Efectores Sociales del Ministerio de Desarrollo Social y la funcionaria a cargo del Renatep.
“Hoy la mayoría de los Potenciar son trabajadoreas de comedores y merenderos, que el año pasado recibieron un plus en reconocimiento a su labor porque tuvieron que trabajar muchísimo, incluso asistiendo a las familias que aisladas en los territorios. En la pandemia se abrieron comedores y aumentó el número de trabajadores por comedor. Otras ramas están más relegadas y seguramente van a tomar más protagonismo en la medida en que aumente la actividad económica"
¿Por qué la mayoría son mujeres? Lombardo contesta que al Renatep "le falta registrar todavía a la mitad de los trabajadores de la economía popular. Están inscriptos tres millones y estimamos que en total son seis millones. Hoy, sí, vemos que hay mayoría son mujeres; lo asocio con la preeminencia de trabajadoras sociocomunitaras, en comedores y merenderos, y al peso de los servicios de limpieza. Está vinculado a que las tareas de cuidado, históricamente han recaído mayoritariamente sobre las mujeres. También tiene mucha preminencia por la pandemia. Quizás a medida que haya recuperación económica se matice, o cuando se complete la inscripción se matice, o no. No lo sabemos. Lo que vemos es que al interior del Renatep se da la misma división sexual del trabajo que en el mercado laboral formal, es decir en las tareas vinculadas al cuidad aparecen más mujeres y en las tareas vinculadas a la construicción, el transporte o la producción de bienes aparecen más varones.
La AUH
Al mirar los datos de cobertura de la Asignación Universal por Hijo entre los trabajadores de la economía popular también aparecen números que poco tienen que ver con el prejuicio instalado. De los tres millones inscriptos en el Renatep, sólo el 22 por ciento es beneficiaria/o de la AUH. En resumen, sólo 25 de cada cien tienen Potenciar Trabajo y sólo 22 de cada cien Asignación por Hijo. O al reves: el 75 por ciento de los trabajadores de la economía informal no tienen plan de empleo, y el 78 por ciento no cuenta con la cobertura de la AUH.
Avance socioeconómico extraordinario de la potencia asiática
¿Cómo hizo China para terminar con la indigencia?
Entre 2013 y 2020, casi 100 millones de personas salieron de su condición de extrema vulnerabilidad. La mejora económica general, la distribución del ingreso, la educación y el acceso a la salud son ingredientes importantes para explicar este impresionante logro, pero no garantizan nada si operan aislados. También se requieren consensos políticos y sociales de una magnitud desconocida en Occidente y una mentalidad más centrada en lo comunitario.
El Programa de Reducción Focalizada de la Pobreza se resume como "un ingreso, dos seguridades y tres garantías".. Imagen: AFP
A fines de 2020, en pleno contexto pandémico, China anunció al mundo la erradicación de la indigencia. Esto no fue solo producto del impresionante crecimiento económico de ese país de las últimas décadas sino también de la movilización de más de diez millones de militantes hacia las áreas rurales más empobrecidas del oeste del gigante asiático. Equipos de funcionarios, docentes, empresarios, estudiantes, médicos y asistentes sociales se instalaron entre uno y tres años en poblaciones rurales para acompañar el profundo proceso de cambio económico.
El plan excedió largamente lo económico o asistencialista. Solo fue posible gracias a una sociedad con una mentalidad muy distinta a la occidental, centrada más en la comunidad que en el individuo, y también a partir de la mano visible del Estado. El extenso informe "Servir al pueblo: la erradicación de la extrema pobreza en China" del Instituto Tricontinental de Investigación Social, con sedes en Argentina, Brasil, India y Sudáfrica, reúne información oficial, entrevistas y visitas al territorio para dar cuenta de las múltiples estrategias empleadas durante el ambicioso proyecto.
Crecimiento no alcanza
La economía china representaba cerca de un tercio de la economía global al comienzo del siglo XVIII y solo un 5 por ciento en 1949, cuando se proclamó la República Popular China. Por entonces el país tenía uno de los ingresos per capita más bajos del mundo. Hacia 1978, pese a años muy difíciles con hambrunas incluidas, había algunas señales de mejora, ya que la expectativa de vida había subido 32 años en comparación con el período anterior a la revolución.
Por entonces comenzaba a quedar claro que para seguir creciendo en un país de casi mil millones de habitantes se necesitaría inversión y tecnología extranjera. De la mano del presidente de entonces, Deng Xiaoping, se decidió abrir las puertas a la inversión extranjera. El resultado es conocido: entre 1978 y 2017 la economía china creció un 9,5 por ciento anual gracias a la instalación de empresas que aprovecharon la mano de obra barata pero se vieron obligadas a hacer transferencia tecnológica, con resultados que se hacen cada vez más evidentes. Gracias al veloz crecimiento de la economía, la pobreza extrema se redujo de 770 millones en 1978 a 122 millones en 2011, número que aún representaba un 9,1 por ciento de la población.
Como explica el citado informe, el coeficiente Gini que mide la desigualdad había empeorado de un 29 por ciento en 1981 a un 49 por ciento en 2007, para bajar apenas en 2012. Es decir, que el precio del crecimiento era un notorio aumento de la desigualdad. En 2017 en un congreso del Partido Comunista, el presidente Xi Jinping decía que "el principal problema es que nuestro crecimiento es desequilibrado e inadecuado. Esto se ha convertido en el principal factor de restricción para satisfacer las crecientes necesidades de la población de una vida mejor".
Paso a paso
China desarrolló el Programa de Reducción Focalizada de la Pobreza de China (RFP) que se resume como "Un ingreso, dos seguridades y tres garantías". Primero se estableció que el ingreso mínimo para considerar a alguien por encima de la pobreza estaba en los 2,30 dólares diarios, por encima de los 1,90 propuestos por el Banco Mundial.
Las dos seguridades a alcanzar serían el alimento y la vestimenta. Las tres garantías: servicios médicos básicos, vivienda (con agua y electricidad) y educación gratuita y obligatoria. Cada uno de estos objetivos requirió estándares determinados de medición. Por ejemplo, el acceso al agua potable debía ubicarse a no más de veinte minutos ida y vuelta y debía ser segura.
Una vez definida la pobreza y qué se necesitaba para abandonarla, era necesario saber cuántos pobres había y con qué características. En 2014, 800 mil miembros del partido salieron al campo e identificaron personas en pobreza extrema en 128 mil aldeas. Luego dos millones de personas verificaron los datos y depuraron los listados gracias a un sistema de registro de datos informatizado. El número final de indigentes con los que se debía trabajar era de 98,99 millones.
La larga marcha
Con los datos y los objetivos claros, cerca de tres millones de miembros del partido organizados en 255 mil equipos partieron de sus hogares para vivir durante uno a tres años en las aldeas seleccionadas, donde convivirían y trabajarían junto a los campesinos, funcionarios locales y voluntarios.
Miles de empresas se asociaron con proyectos puntuales para dar asistencia a algunas aldeas en particular. Se crearon parques industriales y agrícolas, además de proyectos focalizados en el turismo local. Según el informe, entre 2015 y 2019 los talleres para formar centros de producción de pequeña escala en tierras ociosas o en hogares ayudaron a triplicar el ingreso per capita.
Casi diez millones de personas migraron hacia nuevas comunidades urbanas que contaban con guarderías, escuelas, hospitales, centros comunitarios, de atención a la tercera edad y centros culturales. La inmensa mayoría consiguió trabajo y decidió quedarse en tanto que algunos, sobre todo los más ancianos, prefirieron volver a su lugar de origen.
Asistentes sociales visitaban a la gente para ayudarla en tareas como aprender a utilizar el ascensor o cruzar la calles. Cerca de mil centros de salud se vincularon con hospitales de primera línea y miles de trabajadores de ese sector viajaron para capacitarse. Otros proyectos se enfocaron en intentar recuperar la salud del ambiente con empleos en el sector ecológico: 1,1 millones de personas comenzaron a trabajar como guardabosques y casi cinco millones de hectáreas de tierras agrícolas fueron reconvertidas a bosques o campos de pastura.
Cerca de un millón de profesores se aceraron a diecisiete millones de maestros rurales para darles capacitación. En algunas universidades, entre 2011 y 2018 el 70 por ciento de los estudiantes eran los primeros de sus familias en acceder a estudios de grado. Cuarenta y cuatro universidades se instalaron en distintas zonas para llevar adelante proyectos en el territorio con investigadores, docentes y estudiantes de distintas áreas.
Controles cruzados
Para verificar los resultados registrados por los equipos, se hicieron evaluaciones de distinto tipo. Por ejemplo, las provincias se monitoreaban mutuamente con trabajadores que iban a conocer lo realizado en otra provincia y así verificar la información aportada. El grupo coordinador del plan también fue al territorio a chequear de primera mano los resultados y se realizó un monitoreo social con controles aleatorios por parte del partido.
La corrupción es un gran problema de China y su erradicación forma parte de una de las principales promesas del actual presidente. En el caso de la lucha contra la pobreza, en 2020 se detectaron 161.500 casos de corrupción. Dieciocho funcionarios de alto nivel fueron señalados. Según la nueva política contra la corrupción, los responsables de controlar el trabajo de sus subordinados son señalados aunque no hayan participado directamente.
Otro Estado
Resulta difícil imaginar desde Occidente que millones de personas se movilicen para trabajar sobre la pobreza, un problema que suele ser visto como una responsabilidad del Estado y éste algo ajeno del ciudadano promedio.
Un profesor de la Universidad Agrícola de China explicó a los investigadores de la Tricontinental: "La sociedad china es muy diferente de las sociedades occidentales porque se basa en lo colectivo y no en lo individual. Esto se refleja en la forma de organizar la sociedad. El gobierno trabaja con organizaciones sociales, las redes políticas y sociales se funden en un todo, en una fuerza dirigente, organizada vertical y horizontalmente, que permite que todo el mundo se una a esta campaña social". Otra cuestión, nada menor, es la simbiosis entre el Estado chino y el Partido Comunista Chino (PCCH) que cuenta con más de 95 millones de miembros.
Gracias a los valores fuertemente comunitarios de la cultura china, una militancia comprometida y una gestión capaz de mostrar resultados rápidos, el Estado no es visto por la mayoría como algo ajeno y peligroso sino como una herramienta que permite resolver enormes problemas.
En 2020, la Universidad de Harvard publicó el estudio "Comprender la resiliencia del PCCH: encuestas de opinión pública china a lo largo del tiempo". El trabajo fue realizado entre 2003 y 2016 y fueron encuestados a 31 mil residentes urbanos y rurales. Entre esos años, la satisfacción de la ciudadanía china con su gobierno aumentó del 86,1 por ciento al 93,1 por ciento. En las zonas rurales en las que la aprobación era de solo el 43,6 por ciento pasó al 70,2 por ciento, especialmente entre los residentes de menores ingresos.
¿Lecciones?
Tings Chak, Coordinadora del Departamento de Arte de la Tricontinental, miembro del Colectivo de Noticias Dongsheng, contó a Cash que para realizar el informe observaron "la literatura, hablamos con expertos chinos y de otros países". Esta hongkonesa partió de Shanghai, en donde vive, para "bajar al campo y hablar con cuadros, campesinos, mujeres y jóvenes que fueron bastante abiertos para contar sus experiencias de participación en el programa de alivio de la pobreza".
El impresionante logro de la sociedad china demuestra que la lucha contra ciertos niveles de pobreza es un desafío con múltiples niveles. La distribución del ingreso, la educación, el acceso a la salud son todos ingredientes importantes, pero no garantizan nada si operan aislados. Una decisión política de ese tipo requiere consensos políticos, económicos y sociales de tal magnitud que posiblemente no sean trasladables a Occidente. Aun así, desde la distancia, vale la pena analizar el fenómeno para ver qué lecciones se pueden aprender.