Stephan Lessenich
Stephan Lessenich (Stuttgart, 1965) es uno de los sociólogos alemanes más lúcidos para pensar el capitalismo contemporáneo. Catedrático de Sociología en la Universidad Ludwig Maximilians de Múnich, presidió la Sociedad Alemana de Sociología entre 2013 y 2017 y hoy dirige el Instituto de Investigación Social de Frankfurt, el espacio institucional asociado a la Escuela de Frankfurt.
Sus investigaciones cruzan la sociología política, la desigualdad social, la teoría del Estado de bienestar, la macro sociología comparativa, la dinámica del capitalismo global y la sociología de las edades. Pero su mirada no se queda en la academia: Lessenich observa, estudia y critica las relaciones de poder actuales, y se anima a responder preguntas incómodas: ¿Se derrumbará el capitalismo o mutará? ¿Quién tiene hoy poder para imponer sus intenciones a otros? ¿Sigue siendo relevante la división entre derecha e izquierda? ¿Qué consecuencias sociales y ambientales puede tener el capitalismo actual?
La sociedad de la externalización
En La sociedad de la externalización (2019), Lessenich propone una categoría clave para entender la desigualdad global. Según el autor, la externalización significa:
“explotación de recursos ajenos, transferencia de los costes a personas ajenas, acaparamiento de las ganancias en el interior, fomento del ascenso propio a base de obstaculizar (e incluso llegando a impedir) el progreso de otros” (p. 26).
No se trata de un fenómeno incidental. Es un mecanismo estructural mediante el cual las sociedades del Norte global mantienen su nivel de vida transfiriendo a las periferias los costos sociales, ecológicos y económicos de su modelo de acumulación.
Lessenich habla incluso de un “velo del no querer saber” (p. 68): una forma de ignorancia activa que oculta las condiciones de posibilidad del bienestar central. Y invierte el imperativo categórico kantiano: la máxima de las sociedades desarrolladas parece ser “tenerlo todo y querer aún más” (p. 21), preservando el propio bienestar a costa de negárselo a otros.
El poder, en esta clave, no se ejerce solo mediante la coerción explícita. También se produce una geografía desigual del daño: los costos se localizan en los territorios más vulnerables, mientras los beneficios se concentran en los centros de acumulación.
Europa: de centro a semiperiferia
Lessenich sostiene que Europa, históricamente central en el capitalismo global, está perdiendo su posición dominante. En el análisis del sistema mundial se distinguen zonas centrales, periféricas y una semiperiferia mixta. Su tesis es que Europa se enfrenta a un proceso de semiperiferización: está perdiendo características de centro por evoluciones geopolíticas, geoeconómicas, geomilitares y culturales, mientras se afirman otros centros como China e India.
Europa, dice, será uno de los grandes perdedores de la reconfiguración del sistema capitalista mundial. Y esto ayuda a explicar el auge de los movimientos populistas de derecha: políticos, élites y poblaciones no pueden creer que estén perdiendo su posición estructural. Entonces apoyan a quienes prometen cerrar fronteras, dejar entrar solo a los sujetos productivos que la economía necesita y mantener la ilusión de que Europa seguirá siendo el centro del mundo.
La Unión Europea, advierte, cree que podrá seguir regulando sus relaciones económicas con África o Latinoamérica como en las últimas décadas. Para Lessenich, esos tiempos ya pasaron.
Derecha e izquierda: un antagonismo que no murió
Durante las últimas dos décadas, muchos analistas europeos dijeron que la división entre derecha e izquierda era cosa del siglo XX. Lessenich lo considera un “falso análisis intencionado”. En Alemania, por ejemplo, hay una derecha radical y neofascista muy fuerte, que no cayó del cielo: se venía anunciando desde hacía diez o quince años.
El problema, dice, es que la derecha es consciente de sí misma, está en movimiento y en auge; la izquierda en Alemania o en Europa está por el suelo.
Sobre América Latina, Lessenich la describe como un campo de batalla histórico entre fuerzas de izquierda y derecha, un microcosmos de los conflictos globales. En ese marco lee la situación de Venezuela y la reacción de gobiernos como el argentino, que se opuso a los resultados electorales. Para él, eso es un espejo de la división global entre derecha e izquierda.
Y sobre los ciclos de olas políticas en la región, introduce una advertencia: en Argentina, la destrucción de infraestructuras públicas, del empleo público y de las instituciones públicas —bases históricas de la movilización de izquierda— podría hacer que la próxima ola progresista no sea lo suficientemente fuerte como para llegar al gobierno nacional.
Un capitalismo insostenible, pero políticamente sostenible
Lessenich no cree que el capitalismo vaya a derrumbarse por sí solo. En el último medio siglo, analistas y críticos han dicho que es insostenible por su destrucción social, cultural, natural y económica. Pero no se derrumba.
Su diagnóstico es preciso: es analíticamente insostenible, pero políticamente sostenible. Y lo que puede anticiparse con seguridad es que será con mucha más violencia de la que hemos experimentado, al menos en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Europa se ha pensado como la región donde reina la paz. Pero eso fue posible porque externalizó crisis y guerras a otras partes del mundo. Esa formación específica solo podrá sostenerse, dice Lessenich, con mucha más violencia. Ya se ve en los regímenes de frontera: cada año se ahogan entre seis mil y ocho mil personas en el Mediterráneo. Y eso se intensificará.
A ello se suman las batallas por los recursos naturales: el hidrógeno verde, el litio, el cobre. En el caso argentino, con un gobierno como el de Milei, las grandes multinacionales y los Estados que quieren esos recursos pueden hacerlo mediante contratos. Pero si no hay quienes quieran firmar contratos y los recursos son necesarios, el recurso será la fuerza, la violencia.
No es su deseo, aclara Lessenich, pero es lo que realísticamente augura para las próximas dos décadas: un capitalismo global más violento.
Para seguir pensando
Lessenich no escribe para consolar. Su diagnóstico es duro: desigualdad global, externalización de costos, Europa en retirada, derecha en ascenso, izquierda debilitada y un capitalismo que se sostiene a fuerza de violencia. Pero su obra —como La sociedad de la externalización o Límites de la democracia— ofrece herramientas para mirar lo que viene sin ingenuidad.


