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Mi almohada de hierbas
Natsume Sōseki
Mi almohada de hierbas es una novela atípica, deliberadamente antinarrativa, que se presenta menos como un relato de acontecimientos que como un estado de conciencia.
Un pintor se retira a un pueblo de montaña en busca de una forma de percepción “impersonal”, liberada de pasiones, utilidades y conflictos morales. Más que contar una historia, el libro propone una experiencia estética: un modo de mirar el mundo.
La novela declara su programa desde las primeras páginas: el arte debe situarse a una distancia justa de la emoción. No eliminarla, pero sí contemplarla sin quedar atrapado en ella. El protagonista busca ese equilibrio en la naturaleza, en el silencio del paisaje, en la observación minuciosa de gestos mínimos. Todo es ocasión para pensar la relación entre la belleza y el desapego.
Alejarse de la ciudad permite al personaje ensayar una mirada que se resiste al utilitarismo occidental que irrumpe en Japón. Sōseki articula esta búsqueda a través de constantes referencias a la poesía china y japonesa, a la pintura, al teatro y a la tradición literaria clásica, reforzando la sensación de que estamos ante un cuaderno de contemplación.
En conjunto, Mi almohada de hierbas es una obra para un comprender este mundo dominado por la productividad y la creciente sobreexposición emocional. Frente a este paradigma que parece inevitable, Natsume Sōseki propone otra ética: mirar sin poseer, sentir sin consumir.
Es una novela exigente, sí, pero también profundamente hospitalaria para quien esté dispuesto a leerla como se contempla un paisaje: sin apuro, sin expectativa de resolución, dejando que algo -que bien puede ser leve, casi imperceptible- se acomode en la conciencia.

fotografía
Natsume Sōseki
Nació el 9 de febrero de 1867 en Edo, la ciudad que poco después pasaría a llamarse Tokio, en el momento preciso en que Japón entraba en una transformación histórica radical: el final del shogunato y el inicio de la modernización del país durante la Restauración Meiji. Su vida, de hecho, estuvo marcada por esa transición entre dos mundos: el Japón tradicional heredado del período feudal y el nuevo Japón que intentaba asimilar rápidamente la cultura y el pensamiento occidentales.
Sōseki estudió literatura inglesa en la Universidad Imperial de Tokio, donde desarrolló una relación intensa con la literatura europea —Shakespeare, Sterne, Dickens— al mismo tiempo que mantenía una profunda admiración por la tradición literaria de Asia oriental, especialmente la poesía china clásica. Esta doble formación —occidental y oriental— se convertiría en uno de los rasgos más singulares de su escritura.
Entre 1900 y 1902, el gobierno japonés lo envió a Londres para profundizar sus estudios de literatura inglesa. La experiencia fue difícil: vivió con escasos recursos y atravesó un período de aislamiento que afectó seriamente su salud mental. Sin embargo, ese contacto directo con Occidente le permitió reflexionar críticamente sobre el proceso de occidentalización de Japón. Más tarde, esas tensiones culturales aparecerían en sus obras como un conflicto entre identidad, modernidad y tradición.
Murió en Tokio el 9 de diciembre de 1916, a los 49 años. Con el tiempo, su figura se volvió tan central en la cultura japonesa que durante décadas su retrato apareció en los billetes de 1000 yenes, señal del lugar que ocupa en el imaginario cultural del país.

una de esas noches
Natsume Sōseki
Tanto antes, como durante su carrera como novelista, Sōseki mantuvo una relación profunda con la poesía breve, especialmente con las formas tradicionales japonesas. La concisión del haiku y de los poemas breves no era para él un simple ejercicio formal, sino una forma de pensamiento: capturar un instante del mundo con la menor cantidad posible de palabras.
En Mi almohada de hierbas, esa sensibilidad poética atraviesa toda la obra. La novela está construida a partir de escenas mínimas que funcionan casi como poemas extendidos. El narrador es un pintor que busca contemplar el mundo sin quedar atrapado por la emoción, mira la realidad con la misma concentración con la que un poeta mira un instante antes de escribir un verso. Durante la novela, se sumerge en ejercicios de construcción poética que nos da a leer para conocer su proceso de apreciación.
Por eso, elegir un poema del propio Sōseki para acompañar la lectura del libro no es una decisión arbitraria. Si bien no estamos absolutamente de acuerdo con la idea de llamar a este libro una novela haiku, en cierto modo, Mi almohada de hierbas podría leerse como un largo ejercicio de meditación sobre la distancia, la belleza y el arte de observar sin intervenir demasiado, propios de la construcción poética del autor, y de la mirada de la poesía japonesa tradicional.

Tsugaru-Jamisen no Kyoen
varios artistas
El Shamisen es un instrumento tradicional japonés de tres cuerdas, con un largo mástil sin trastes y una caja de resonancia cubierta por piel tensada. Se toca con una púa grande llamada bachi, que produce un sonido seco, resonante y profundamente expresivo. A diferencia de otros instrumentos de cuerda más melódicos, el shamisen tiene una presencia rítmica y textural muy marcada: cada nota parece surgir del silencio y volver a él. Ese equilibrio entre sonido y vacío es uno de los rasgos más característicos de la estética musical japonesa.
Su historia se remonta al siglo XVI, cuando llegó a Japón desde Okinawa —donde existía un instrumento emparentado llamado sanshin— y rápidamente se integró a distintas tradiciones escénicas. El shamisen se convirtió en el acompañamiento principal de géneros como el teatro Kabuki, la narración musical joruri y diversas formas de música popular urbana del período Edo. Con el tiempo desarrolló múltiples estilos interpretativos, desde los más virtuosos y teatrales hasta los más sobrios e introspectivos.
Este disco en el que participan eminencias del instrumento como lo son Yujiro Takanashi, Shinichi Kinoshita y Mitsugu Oyama es una verdadera experiencia inmersiva a la expresión musical japonesa del periodo Edo y comienzos de la era Meiji. Es un disco absolutamente virtuoso y lleno de emoción, el cual tenemos la necesidad de enmarcar como una verdadera delicia musical.
Si bien el pintor de Mi almohada de hierbas deja en claro en varias ocasiones su incapacidad para la música, hace constante referencia al Shamisen y a su capacidad expresiva, y expresa a su vez un deseo profundo de nostalgia por nunca haberse involucrado en el aprendizaje de este instrumento tan poderoso en materia emocional.

el increible castillo vagabundo
hayao miyazaki
Para acompañar la lectura de Mi almohada de hierbas, proponemos una recomendación audiovisual que pertenece a otro lenguaje artístico, pero dialoga con una sensibilidad similar.
Dirigida por la eminencia del cine japonés Hayao Miyazaki, esta película narra la historia de Sophie, una joven que, tras ser víctima de un hechizo, inicia un viaje inesperado junto al misterioso mago Howl y su extraño castillo ambulante. Como ocurre en muchas de las obras de Miyazaki, la narración combina elementos fantásticos con una profunda sensibilidad hacia el paisaje, el paso del tiempo y las transformaciones interiores de los personajes. Hablamos de clásicos de la animación japonesa como lo son Mi vecino Totoro (1988) y El viaje de Chihiro (2001).
Aunque El increíble castillo vagabundo se sitúa dentro del universo de la animación fantástica, su ritmo y su mirada comparten algo esencial con la novela de Sōseki: la importancia de la contemplación. En ambas obras, el movimiento exterior funciona como un reflejo de un proceso interior más silencioso. Los personajes observan el mundo mientras, casi imperceptiblemente, algo dentro de ellos también se transforma.

ajinomoto
Para completar esta entrega, la elección culinaria recae en el Ajinomoto, uno de los condimentos más característicos de la cocina japonesa contemporánea. Su nombre puede traducirse aproximadamente como “la esencia del sabor”, y hace referencia a la capacidad que tiene este condimento para intensificar el llamado Umami, considerado el quinto sabor fundamental junto al dulce, salado, ácido y amargo.
El Ajinomoto es, en términos químicos, un compuesto que potencia la percepción del sabor natural de los alimentos. Fue identificado a comienzos del siglo XX por el químico japonés Kikunae Ikeda, quien descubrió que el gusto particular presente en el caldo de algas kombu provenía del glutamato. A partir de ese hallazgo, desarrolló una forma de aislarlo y comercializarlo, dando origen al condimento que hoy conocemos.
En pequeñas cantidades, el Ajinomoto no modifica radicalmente un plato: más bien resalta lo que ya está presente, amplificando la profundidad del sabor. Por eso suele utilizarse en sopas, salteados, arroces o verduras, donde actúa como un fondo invisible que intensifica la experiencia culinaria.
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